Una avalancha de descubrimientos
El primer descubrimiento de un planeta en órbita alrededor de una estrella similar al Sol llegó en 1995. El equipo suizo de Michel Mayor y Didier Queloz de Ginebra, anunció que había encontrado un mundo orbitando rápidamente en una abrasadora cercanía a la estrella 51 Pegasi. Su planeta tenía por lo menos la mitad de la masa de Júpiter, y como máximo dos veces la misma. Lo habían observado indirectamente, utilizando el método de velocidad radial (para más información sobre la detección por velocidad radial, vea "Buscando Planetas").
Estos anuncios marcaron el comienzo de una inundación de descubrimientos. Tres meses después, un equipo liderado por Geoffrey W. Marcy y Paul Butler de la Universidad Estatal de San Francisco y de la Universidad de California en Berkeley confirmó el descubrimiento suizo, y reveló dos planetas más. Hacia fines del siglo 20 se habían descubierto varias docenas de mundos, muchos de ellos como resultado de meses o años de observación sobre las estrellas cercanas.
Muchos, como el compañero de 51 Pegasi, son estrafalarios, con períodos cortos y órbitas excéntricas cercanas a la estrella. Pero más recientemente, los astrónomos han hallado planetas que se parecen más a los que encontramos en nuestro sistema solar exterior, con órbitas circulares y períodos orbitales más prolongados.
Los astrónomos atribuyen en parte este aumento brusco en los descubrimientos a los avances tecnológicos de años recientes. Entre éstos se incluyen:
- Mejoras significativas en los espectrómetros, instrumentos que separan a la luz estelar en sus colores componentes para su análisis.
- Mejores sensores electrónicos que registran la luz estelar entrante recogida por la óptica de los telescopios.
- El desarrollo de programas de computación que pueden discernir fiablemente las fluctuaciones de la luz estelar y el movimiento inducido por el tirón gravitatorio de compañeros invisibles.
Más aún, la maduración de estas tecnologías ha llevado a una intensificación de las búsquedas y de la recolección de datos.
Ninguno de esos nuevos mundos ha sido visto realmente. Todos son planetas masivos tipo Júpiter, y se considera improbable que abriguen vida tal como la conocemos. Muchos tienen períodos orbitales cortos. Si existen planetas como la Tierra, con masas menores y períodos orbitales más largos, su descubrimiento requerirá instrumentos más sensibles y años de observaciones precisas y sostenidas.
Sin embargo, el sueño de otros mundos que esperan ser explorados, y la idea de que nuestro sistema solar no es único, se ha trasladado desde la especulación filosófica hacia la realidad. Estos descubrimientos albergan el potencial de modificar el pensamiento humano en una escala comparable a la revolución copernicana.
El próximo capítulo de la breve historia de los descubrimientos de planetas extrasolares se está escribiendo en estos momentos. Nuevas herramientas y tecnologías visionarias que están en desarrollo nos permitirán pronto aprender más sobre estos cercanos sistemas planetarios. El Interferómetro Keck capturará las primeras imágenes de gigantes gaseosos más allá de nuestro sistema solar, mientras que la Misión de Interferometría Espacial será capaz de detectar evidencia de planetas un poco mayores que la Tierra. Mientras tanto, otros programas de búsqueda de planetas con base en tierra continúan entregando nuevos descubrimientos, dando a los científicos una visión más amplia de la diversidad de los planetas en nuestra galaxia.

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